La comodidad que se tiene actualmente en un automóvil que tenga una eficiente suspensión es prácticamente una regla en la fabricación o mantenimiento de una unidad, sin embargo sus orígenes se dieron cuando todavía los vehículos no tenían motores.

El origen de la suspensión se dio en los carruajes antiguos, que en sus inicios eran incómodos porque los pasajeros sufrían una tortura con los golpeteos de los caminos empedrados donde pasaban las ruedas.

Al principio se trataron de hacer asientos más cómodos, se pusieron resortes para reducir esos impactos, hasta que se colgaron cuatro correas de cuero en la cabina del carruaje, desde igual número de soportes de metal, de modo que se logró suspender el carruaje y con esto nació el concepto de la suspensión.

Aunque no fue perfecto, por el bamboleo del carruaje, se creó un medio elástico que además de sostener la carrocería, asimilaba las irregularidades del camino.

Cuando se crearon los vehículos de combustión interna, el concepto se adaptó y logró mejor funcionamiento porque las ruedas evolucionaron, se pasó de la llanta de hierro a la de hule macizo, después al neumático de cuerdas y finalmente al radial.